sábado, 22 de julio de 2017

¿QUEER?



¿Queeer?

Ahora resulta que soy "Queer", tiene guasa la cosa.

Desde que dejé ser hombre, desde que dejó de gustarme las mujeres, desde que soy género y retal de tela me ocurren unas cosas más raras...

El otro día estando en una cena en la que me sentía como un tul una amiga heterosexual, ella no tiene la culpa, me dijo con una gran sonrisa llena de cariño: ¿Cómo está mi Queer?

Por supuesto ni me arrugué ni me di por aludido o aludida porque en mi vida de retal nunca había escuchado esa expresión. 

Le conteste con la calidez de un paño cuando me di cuenta que a mi se dirigía: ¿Queer quieres que te diga? Reconozco que salvé la situación de forma vaporosa y ella se rió a mandíbula batiente.

Mi vida como retal de tela es fascinante pues me encuentro a toda clase de género y le caigo en gracia a los que apoyan la diversidad que son casi todos menos los antiguos que se agarran a eso del heteropatriarcado que me dicen que estoy loco, que necesito como el comer un buen psicólogo. Hay gustos para todo y como muestra un botón.

Lo mismo me relaciono con un gachó de 56 años que ha decidido ser niña de teta, no sabe ná, y se caga y mea a voluntad que una chica que ha decidido convertirse en figurita de cera, uno que es un frigorífico y otra que harta de todo ha decidido ser un ovillo de lana, uno que era una y una que era mirlo. El mundo es más diverso que el que  nos pintan los retrasados del heteropatriarcado que solo ven con los ojos que ven. ¡Me hacen perder la compostura y parecerme al esparto!

El Lobby de los Retales de Tela, hilo quebrado, ovillos de lana contra la aguja penetrante y violadora (LRTHQOLCAPV) hemos decidido pedir al gobierno central, las diferentes autonomías, diputaciones provinciales, ayuntamientos y consejos vecinales que coloquen nuestra bandera que es una tela estampada sin pespuntes en los correspondientes mástiles al igual que hacen con otras sensibilidades porque nosotros, nosotras, también tenemos derechos.

El alcalde ropasuelta de Cádiz ya nos ha comunicado que la pondrá en el imponente mástil de la Plaza Sevilla, Yaya Cármena nos ha remitido a Zapata con la condición que no tenga gasto alguno, la Colau todavía no se la hemos colao, Sánchez nos ha dicho que tiene que consultarlo con Pablo Manuel y Rajoy nos va a recibir en Moncloa para hablar del tiempo.

Pero ahora resulta que además de ser género, retal de tela, hilo quebrado u ovillo de lana somos "Queer". ¿Cómo le ponemos al niño, perdón al género?

Estoy más confundido que cuando era hombre, heterosexual y me gustaban las mujeres.

¿Queer? ¿Cómo?

Jesús Rodríguez Arias


sábado, 15 de julio de 2017

BERRACA "LA MEONA": MÁS DE LOS ROPASUELTAS






Berraca era el nombre que le había puesto Ligorio a su hija porque lloraba a gran volumen. Él no pensó que eso sería un castigo para tan chillona criatura pues lo que no le iba a poner en la vida es nombre de santo pues era ateo de los de toda la vida aunque de chico era el reponehuevos en la granja del Tío Salustio.

Berraca sacó ese defectillo que afectó a todas las féminas de su familia y aunque ellos no creían en el sexo sino en el género pues su amigo y camarada Lenin Tomás le había dicho por activa y por pasiva que todo eso era por culpa del “heteropatriarcado”, que se fijaran en su unidad familiar donde su mujer ya no lo era, su hijo se llamaba Rosita y cantaba en una orquesta los veranos por la costa y su hija Ernestina, que de siempre fue una guapura, se enamoró de Calixto, camarada de la vieja Cuba, y después de separarse de él decidió hacerse gato de porcelana y allí la tiene sentadita en el salón mirando un punto fijo como si nada.

Pero Berraca de siempre se consideró lo que en realidad era: ¡Mujer!

Y por lo tal tenía una enfermedad congénita que se heredaba de madre a hija de generación a generación: ¡Sufrían de incontinencia! Dicho de otro modo, tenían el muelle flojo y todos los días a todas horas sentían esa imperiosa necesidad de hacer pipí.

La abuela Salustiana se ponía unas gasas que ella misma se cosía, la madre María, llamada la Cacaruca, aunque también las usó le cogió el tiempo de las modernas compresas y la niña Berraca ha dicho que ella le quiere dar libertad a su toto y por tanto lo lleva al aire y la pobre gotea más que un grifo viejo al que le falla la zapatilla.

Berraca no seas burra, le gritaba su progenitor A dícese de Ligorio o Berraca no seas cochina que le gritaba el progenitor B o Cacaruca. La abuela Salustiana no decía nada pero se santiguaba a escondidas.

Pero Berraca ya había tomado una dirección en la vida, había decidido hacer un círculo de su existencia, había conocido a Marcial y Dona que eran ropasueltas y desde hace un tiempo son un trío la mar de bien avenido.

Berraca es una gran defensora del toto libre, del sangrado libre porque ella, como todos los ropasueltas, se pasan la libertad por el mismo pototo.

Al tener serios problemas de incontinencia tiene que hacer pipí a cada instante o por lo menos llevar la necesaria gasa que la proteja de tan molesta eventualidad. Ella que ama y “mama” la libertad de género dice que no se va a pasar por el chocho a quién ha decidido por libertad propia el ser gasa o bragapañal. Eso tiene ser género que con tanto respeto no se llega a respetar nada y menos a nadie.

En el pueblo todos la conocen como Berraca “La Meona” debido a que lo hace cuando le sale de ahí en cualquier momento y situación. Lo mismo en un concierto, que en un almuerzo o en una de esas orgías que ella es asidua donde hay hombres, mujeres, gatos, perros y hasta figuritas de cristal de bohemia.

Pero esa fama de “puerca” se finiquitó desde que entró a formar parte de la dirección del círculo ropasuelta de la comarca que entre 18 pueblos hay en total 6 militantes porque es verdad que todos son muy rojos pero ninguno morado, todos son muy de izquierdas pero gente decente y no los “maleantes” apestosos que siguen a un tal Pablo Manuel como si fueran de una secta de esas.

Berraca era la coordinadora de estrategias y diversidad. Consiguió un puesto de concejala gracias al acuerdo con el Movimiento Ecologista “La Pulga” y el partido separatista “La Linde es Nuestra” entrando a formar parte de la diputación provincial con el cargo de portavoz de la diversidad de género andante y por andar.

Gracias al protagonismo público que fue adquiriendo, gracias a las chorradas que decía y el charco que se producía en cada intervención fue aupada al Congreso de los Diputados por la provincia de Sebastopol. En tiempo récord se encontró con su líder Pablo Manuel con el que discutía la estrategia a seguir en cada momento pues todos sabemos que los ropasueltas no tienen mensaje y discurso fijo sino que cambia ya que todavía no están lo suficientemente Maduro.

Berraca ya ha interpuesto más de una docena de denuncias de acoso sexual hacia chicos que estaban sentados en una terraza con las piernas abiertas o se dirigieron a ella para preguntarle no sé que calle. Ella por eso y más se sentía violada, que no penetrada, porque el machismo impera en esta arcaica sociedad. A ver cuando viene alguien y acaba con los hombres de una puñetera vez, decía y se decía sin que nadie la quisiera escuchar.

Después de tener una relación sexual que no afectiva con el Anselmo, que era el ropasuelta que vivía junto a ella en su casa okupada, decidió que ya no quería más miembros sino las miembras por lo que pasó a formar parte del colectivo femi-nazi-radical “Clitoreando” que en ese momento estaba con la campaña que tanto dio que hablar: “¡Queremos a la vagina en el lugar que le corresponde!” y a la cual ya se han adherido todos los políticos de circo que nos rodea.

Han decidido ir a una Iglesia y profanarla porque ellas que son valientes y eruditas, saben que los cristianos no hacen nada y además las perdonan. Jíbara, la amiga de Berraca, que es mucho más revolucionaria que ella aunque mucho más imprudente y además no gotea dijo hacer ese plante también en una mezquita. No os podéis las caras que se les pusieron a las de “clitoreando” entre el asombro y la incredulidad: ¡Anda, Jíbara, que nos han hecho los pobres moros para que los insultemos! Y así quedó ese conato de encontronazo.

Berraca fue la encargada de defender la ponencia: “Lo digital no es solo del mando a distancia” que firmaron todas las de “clitoreando” y que luego asumieron los ropasueltas de todos los lugares menos de Irán.

Ligorio y la Cacaruca están cada vez mas avergonzados de su hija. No nos ha salido proletaria y menos antiyanqui sino una ropasuelta además de asquerosa. Ellos le retiraron la palabra, para mantener su integridad, pero no la cuenta bancaria donde la “niña” ingresaba “religiosamente” la cantidad de 4.000 eurillos de nada para ayudar a sostener a esa familia de comunistas que ya lucían un “rojo-amoratado”.

Berraca ya no volvió por su pueblo nunca más, se instaló en un corralito que le cedió la Yaya Cármena en el centro de Madrid y aunque de vez en cuando viajaba a Venezuela en  clase de lujo para aprender democracia de manos de Maduro y su pajarito, ella siempre iba en autobús que le permitía el no llevar bragas, gotear tranquilamente y cuando no podía más bajaba y meaba donde estuviera ya sea campo o ciudad, calle, avenida o acequia.

Pero pasó lo que tenía que pasar. De tanto “clitorear” se le ajustó el muelle del pototo y ya no volvió a gotear como si fuera un aspersor roto.

¡Desde entonces nada fue igual!

Jesús Rodríguez Arias



sábado, 8 de julio de 2017

EGOS DE SOCIEDAD: ANATOLIO EDITORES.




Don Anatolio se levantaba cada mañana cuando la madrugada pasaba a tarde sin el menor rubor. Don Anatolio se había criado en una familia bien y después también.

Ejercía como corregidor de letras pobres en la editorial que su abuelo, gran bibliografo, le dejara a su hijo primogénito nada más nacer. Don Obdulio, que así se llamaba el patriarca de esa afamada familia, siempre tuvo claro que había letras ricas y letras pobres teniendo las primeras todas las oportunidades en su sacra casa.

Don Obdulio, que murió joven cuando solo contaba los 96, dejó todo el negocio a su hijo primogénito y único porque los demás dicen que fue de Juan el portero de la finca de al lado que supo poner el punto sobre la i de su querida y reprobada esposa Cirila.

Don Melquisedec, que así se llamaba el vástago de Don Obdulio, se hizo cargo enseguida de la dirección de la editorial en la cual escribían tres y copiaban el resto. El afamado relator Doctrino del Racimal se hizo cargo de las letras ricas y su hijo Anatolio de las pobres pues no había escrito nada en su vida y para eso sí que tenía buen ojo.

Un día de esos que no se esperan Anatolio conoció a Goselino, que era escritor fino, y entablaron una prodigiosa relación que dio mucho que hablar y más murmurar. Goselino escribió su famosa enciclopedia de la osa perdida, que fue un éxito de ventas en todas las oseras conocidas y por conocer, y aunque vendió mucho no ganó nada pues Anatolio, listo como él solo, se puso de autor en vez el otro.

De la noche a la mañana fue considerado un experto en estos temas e invitado a pronunciar breves conferencias con pingües beneficios.

Anatolio, para mantener eso de las formas, casose con la Señorita de Triste Gracia aunque no consumó el matrimonio pues esta se escapó con su amigo del alma Goselino que en afán de venganza lo dejó solo, cornudo y apaleado.

Él no podía ir a contarles sus penas a su padre que bebía de las hojas del caracol porque de nuevo se había enamorado de la cupletista Serena Truhanes por lo que decidió seguir al frente de letras muertas eso sí ya como un afamado escribidor.

Pronto conoció al que sería el gran amor de su vida: Una chica venida de lejos llamada Fuchinga Corta.

Le propuso matrimonio y se casó de inmediato. Don Melquisedec pagó la boda y se fue a vivir solo con las coplas cupleteras dejando a su hijo el negocio de la editorial que ya contaba con sus añitos y con más empleados que hace un decenio.

Una vez sentado en desgastado sillón familiar hizo salir por donde había entrado al vanidoso Doctrino que decía una vez y otra que él no había sido.

Encargó la alta responsabilidad de lector de "tostoncritos" a eminente Segismundo Del Mapa Mundi que había llegado de las islas aunque nunca se había movido de su casa.

Dativo, en afamado comunicador, fue contratado para expandir la marca que pasó de llamarse Editorial de Afamados y algún desconocido SAL a Anatolio Editores aunque en verdad solo hubiera un solo editor pero eso quedaba más “in”.

Gastó todos los fondos para las pensiones de los trabajadores en exportar publicaciones al Tumbuctú donde afilan las lanzas con las hojas de las enciclopedias sobre los galápagos.

Gracias a su esposa tuvo descendencia del camillero del balnerario al que iba cada cierto tiempo a equilibrar los desajustes emocionales que tenía. Él se quedaba en su despacho escuchando la serenata intranquila mientras bebía una copa de enjuagues y pensaba en su Goselino, su amigo y mejor conocedor de los osos.

Anatolio, nunca lo quiso reconocer, tenía una sexualidad muy definida aunque a él no le gustasen ni el femenino tampoco el masculino pues en verdad era invertebrado.

La prestigiosa sociedad de asexuados “Los Melindrosos” le nombró hijo de su madre sin carácter retroactivo.

Con los años volvió a escribir, pero ya algo suyo, ya algo salido de su puño, pluma y tinta, y pronto se convirtió en éxito de ventas y algún que otro restaurante.

“Ser sin ser” fue su libro autobiográfico donde hablaba, a modo de memorias, de su Goselino, de la despechada de su primera mujer, muerta de su vida cuando escapó con el primero, de su relación afectiva con su esposa Fuchinga y los 16 vástagos que fueron concebidos en el balnerario, de su vida en las oseras buscando el oso perdido, de la asexualidad de su familia que viene de antiguo cuando su padre se enamoró de los cuplés de la cupletista que nunca llegó a conocer, del rápido fallecimiento de su abuelo a la corta edad de los 96 mientras cortejaba a una mosca de caca...

Vendió lo que vendió pero le hizo reconocido y renombrado en círculos ajenos. La gente ya lo reconocía por la calle y le pedían autógrafos al vendedor de toallas de la esquina. Eso hizo que su autoestima subiera y se creyera alguien en estos de las letras. Presentó su obra a uno de los mejores y prestigiosos premios internacionales que se llevó del tirón y en la cena de gala de entrega del citado galardón llegó emocionado mientras decía que no merecía nada pero que no le extrañaba tal concesión debido a que él era el mejor además del único que sabía escribir en su casa.

Don Facundino Piel Pellejo, presidente del jurado, le hizo entrega del famoso, prestigioso y prestigiado premio Anatolio Editores a Anatolio que era el dueño de la obra y la editorial mientras sonaba un mudo y silencioso aplauso de los comensales que se afanaban en tomar un pequeño canapiés de huevecitos de avestruz con sandía del Senegal.

Anatolio, muy emocionado, dijo que donaría el millonario premio a su santa casa mientras los fotógrafos se esmeraban para que al día siguiente saliera como los cánones mandaban en los codiciosos y codiciados “EGOS DE SOCIEDAD”.

Jesús Rodríguez Arias


sábado, 1 de julio de 2017

ORGULLO DE SER RETAL DE TELA.




Días donde todos muestran el orgullo de su orgullo, días de reivindicaciones varias, días donde el arcoíris se mezcla con las tormentas de verano, días de tanto y tanto pero ningún día dedicado a los retales de tela.

¿Qué os hemos hecho?

Desde que dejé de ser hombre, desde que dejara de gustarme las mujeres, desde que dejé de pertenecer ese anacronismo llamado heteropatriarcado, desde que abandoné la caduca heterosexualidad y decidí convertirme en género y más concretamente en retal de tela no he dejado de conocer tipos de género muy interesante aunque me sienta desolada o desolado pues nadie tiene un día, ni una hora que dedicar a la sensibilidad de un retal de tela que llora su tristeza en los entrepaños de su algodonoso corazoncito.

En estos días donde se puede ver toda clases de desnudeces yo me arrugo más que el lino porque la tristeza me hace sentirme como manchada servilleta.

De un tiempo para acá nada más que hacen poner banderitas. ¿No sabéis el daño que nos hacéis a los retales de tela que han sido penetradas por la aguja violadora?

Por favor quiero mantener la calma que si no voy a parecer lana escocesa o simple esparto.

Todos y todas me preguntan que tipo de tela soy. Unos y unas dicen que algodón, otros y otras que seda, algunos y algunas que si lana o incluso felpa. Los más osados y osadas llegan a aventurar que si como mucho llego a poliéster...


Y digo yo, ¿qué importa el género si soy género y me siento retal.


Un día me levanto como una seda y otros días como un tul. A veces me parezco más a la cachemira o al crepé. Cuando estoy ceremonioso me encanta ser damascado y si no puedo más algodón. Cuando llega el frío abrigo como la lana que me gusta como la franela.


Suave como la seda, cuando me hieren soy como la lona, si estoy vaporosa a lo mejor llegó a organdí, si quiero mostrar mi calidez me ven como paño.


O popelina, raso, rayón, tafetán, vellón, velur, suplex, pelo de camello, polar...


Si quiero ligar me vuelvo satén para me que sientan como un terciopelo o calentito como un polar.


Soy retal de tela y el género dentro del género poco importa. ¡Digo yo!


Esto es lo bueno de ser género que uno es lo que quiere ser en el momento que desee ser.


Si nací hombre y ahora soy retal de tela es porque hemos ido avanzando hacia una sociedad versátil, diversa, asexuada donde el sexo importa para lo que importa y nada más.


Mi amigo hilo quebrado y mi amiga bovina de lana siempre dicen que ellos antes eran hombre y mujer, después fueron mujer y hombre, más tarde niño y perro, conejo y pez, cómoda y mesilla de noche hasta que descubrieron que su verdadero género es no tener género definido. Siempre me dicen que después de ser hombre y ahora ser retal de tela no implica que mañana sea muñeco de porcelana o mosca cojonera.


El otro día decidimos dar un escarmiento a quienes nos hacen sufrir, los que nos exterminan para hacer de nosotros lo que ellos quieran. Una cosa es la manipulación genética o de género que si es importante y otra es cortarnos y cosernos sin escrúpulos como si no fuésemos imprescindibles para esta sociedad plural y pluralista donde no caben los heterosexuales, las personas, los seres humanos porque representan lo pasado, lo caduco, lo que no debe existir.


Sí, os estoy hablando de las sastrerías que son el campo de exterminio de todos los retales de tela sean del género que sean.


Decidimos hacer un escrache de esos y plantarnos en sus puertas para protestar silenciosamente a grito pelado, denunciar ante el mundo y la sociedad, ante el género de los géneros, que ya está bien lo bueno que es perverso como es la manipulación penetrante que corta y rasga para hacer camisas, blusas, vestidos o trajechaquetas, también llamados ternos, para vestir la desnudez que es lo bonito, lo diáfano, lo que en verdad uno es.


Y nos plantamos delante de la sastrería más antigua que conocíamos reivindicando nuestros mancillados derechos. La gente, antigua, obseleta, nos miraban con cara de cachondeo, murmuraban y nos decían que éramos unos majarones, que debe ser otra clase de género, y algunos hasta entraban haciendo cuchufletas.


Permanecimos impávidos e impávidas ante lo grotesco de tan insolidaria situación.


Pasaron las horas y ningún género vino a solidarizarse por lo que decidimos posponer la protesta simbólica hasta recabar apoyos de los colectivos más sensibles que el tul o la seda.


Hilo y Bovina han decidido pasarse a la "otra acera" y ahora son carrete de kodak y flor de plástico para el cementerio porque según ellos a estos ni les tocan.


Yo sigo siendo retal y ahora me siento tan mullido como la foan y más bonito que un damascado. Siento orgullo del orgullo de ser retal que no le importa el género porque de género va la cosa.


Jesús Rodríguez Arias