No, Don Cernín no venía de una familia de alto
copete tampoco de bajo aunque él se creía que el pergamino que había adquirido
su bisabuelo Eudócimo en el rastro del rastro tenía validez de título
nobiliario aunque en verdad era un escudo heráldico de la Familia Marsupial de
Los Andes que ni conocía ni nada.
Su padre Don Alicio ya presumía en sus andares de
esa nobleza adquirida a precio de rastro y se hacía llamar por todos Sr.
Marqués.
Don Alicio, Sr. Marqués, casó mozo a la edad de 73
inviernos con la joven de familia acomodada en el sillón de su casa Máxima de
Mínimos que contaba en el día del enlace con 21 años que se convirtieron en 46
justo el día después de la boda.
Don Alicio y Doña Máxima se compenetraron muy bien
desde el principio y fruto de ello tuvieron a sus hijos: Cernín, Tonano y la
pequeña Metrodora.
Fue un matrimonio fructífero en el que vivieron
felices y comieron lo ha que había en el plato que no era mucho en verdad.
El pendón de esta familia no era nadie físico sino
ese ajado pergamino con el escudo de la Familia Marsupial de Los Andes que
ellos habían tomado como ese título que ni otorgaba nobleza, pues no había
donde nunca existió, ni grandeza, ni riquezas aunque si el “pedigrí” del trato.
Alicio, Sr. Marqués, le preguntó a su amado y
déspota progenitor D. Eudócimo primer marqués de lo que fuera:
- Padre y Marqués, ¿qué título es el nuestro?
¿Cómo es conocido nuestro Marquesado? ¿Cuales son sus límites geográficos?
Don Eudócimo, primer marqués, le contesto
amablemente con un exabrupto:
- Nuestro marquesado, hijo de tu madre, es antiguo
y lleno de ganada rimbombancia. Somos los de “Hinojosa del Rastro”.
No le faltaba razón pues había adquirido por menos
de nada ese viejo diploma con un escudo nobiliario que apenas se distinguía por
el polvo que tenía encima, y que continuó para no quitar la esencia del tiempo,
en el paseo de Hinojosa en el rastro cercano a los humedales resecos.
Y así D. Alicio pasó el título, que no las tierras
pues no existían, a su primogénito D. Cernín.
D. Cernín, Tercer Marqués de los de Hinojosa del
Rastro, siempre fue un chico poco crecido pues medía menos de la media y más
que la casaca. Cuando era púber conoció
a la que sería novia y esposa con los años. Un preciosa jovenzuela de cuerpo y
cara “chocante” que se acercó para robarle la bolsa y acabó por llevarse su
vida. ¡Qué romántico todo!
La Señorita Sudor, que así se llamaba la ínclita,
fue novia, prometida y santa esposa de Don Cernín convirtiéndose en la Tercera
Marquesa Consorte de los de “Hinojosa del Rastro”.
Su marido no le gustaba eso de trabajar pues decía
que un Sr. Marqués tenía que dedicarse a “sus cosas” aunque en verdad nadie
supiera, ni él mismo piensan todos, lo que de esto se trataba.
Eso sí, todos los finales de mes, llegaba un sobre con pingües estipendios que mantenían a tan ilustre familia.
Se dice por los corrillos y mentideros que la
madre de Cernín abandonó a D. Alicio por un Archipámpano de la India que
después resultó ser del Congo, que cambió un marquesado por un reinado, una
vida de rastro a la vida padre. Se dice, se cuenta, que cuando murió el rey
Ngma Bonsa heredó dos chalés en Torrevieja que alquila a precio altos a gente
de baja cuna.
La cuestión, sea cual sea la verdad, es que Don
Cernín no trabajó en su vida y se dedicaba a cuidar la colección de alas de
mosquitos de todo el mundo. Se pasaba horas y horas en su magnífica biblioteca
de maderas nobles, como no puede ser de otra manera, en que que existen, no es
una exageración, el extraordinario número de tres volúmenes siendo uno de ellos
la guía telefónica.
Del fruto del matrimonio de Don Cernín, Tercer
Marqués, y Doña Sudor, Tercera Marquesa Consorte, nació su único hijo al que
llamaron Pularda en honor de la gallina clueca de la vecina de enfrente.
Doña Sudor es presidenta honoraria de las damas de
antes que organizan semestralmente un rastrillo, mire usted por donde, para
conseguir fondos para los chuchos y podencos.
Todas con blancos y limpios delantales detrás de
las mesas donde se ofrece de todo a un precio alto porque todos sabemos lo que
comen esos canes. Todas hacendosas y muy ocupadas atendiendo amablemente a los
interesados mientras el fotógrafo de sociedad retrata su generosidad
desbordante y cuando este se va vuelven a sus quehaceres mientras las chicas
del servicio se hacen cargo del rastrillo.
- ¡Nosotras estamos para fotos y nada más!
Mientras D. Cernín, Tercer Marqués de los de
Hinojosa del Rastro, asiste a la gala benéfica de la Sociedad de Cazadores de
Pulgas y Ladillas para entregar el premio a la Sociedad que es la única que lo
gana todos los años.
Como D. Cernín es también su presidente se lo
entrega a sí mismo con un fuerte abrazo que se lo da el mismo mientras besa el
sello de su marquesado en medio del aplauso en sonoro silencio.
Esta entrega también es recogida por el fotógrafo
de sociedad que inmortaliza un acto que año tras año se repite aunque a todos
le gustan verse y deleitarse de su propia presencia.
Y es que Don Cernín y Doña Sudor como antes los
fue D. Alicio, viudo abandonado pues su mujer quiso al rey y no al marquesado,
y más antes todavía Don Eudócimo y Doñá Mártir, marqueses de marqueses por el
diploma de ese viejo título heráldico de la Familia Marsupial de Los Andes, les
gustaba y mucho aparecer en la sección que todos leían y admiraban: ¡¡EGOS DE
SOCIEDAD!!
Jesús Rodríguez Arias
Nota: En este nuevo serial del verano iré
publicando las características de tantos que mueren por aparecer en una foto
aunque sea en la esquela de otro.
La próxima será de la Señorita Rósula de
Mentaverde que para todos es dueña de una perfumería de alto prestigio y en
verdad es “potinguera” de mala muerte.
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