jueves, 16 de noviembre de 2017

ENCARNACIÓN E ILDEFONSO




Desde hace ya mucho tiempo siempre se puede observar la misma historia donde dos ancianos sentados una frente al otro conversan de sus vidas mientras ella le coge la mano a él.

Encarnación de siempre fue una mujer guapa, de delicado aspecto, y una fuerza casi sobrenatural mientras Idelfonso que ha sido muy serio en todos los aspectos de su vida tenía una sonrisa de oreja a oreja cada vez que con ella estaba.

Se conocieron cuando eran unos chiquillos, se hicieron novios de los de antes y hasta que él no obtuvo empleo no pasaron por el altar.

La familia de Encarnación se encargaba del negocio que ofrecía todo lo que buscabas y la de Idelfonso ejercían una profesión que ha pasado de abuelos a padres y de padres a hijos…

Se conocieron hace más de 65 años cuando salían de la pequeña y vetusta Iglesia después de la Misa de las doce del mediodía. Era un domingo radiante aunque fresco pues todos llevaban bien pertrechadas las pellizas y los sombreros, gorras o boinas.

Coincidían en la plaza cuando cada uno jugaba con sus amigos, cuando Ildefonso iba a la tienda a comprar hilo o botones pues su madre tenía que hacer algún que otro remiendo a los destartalados y viejos uniformes de su padre. Eran demasiadas horas al raso y la tela se pasaba por muy buen paño que fuera.

Allí, Encarnación le sonreía mientras envolvía los botones e Ildefonso sonreía desde el mismo corazón.

Con el pasar de los años y mientras iban creciendo se acabó ese tonteo y se hicieron novios, que fue el día más feliz de sus vidas. Ya podía acompañarla hasta la puerta de su casa e incluso cuando la cosa fue a más se pudo sentar a la mesa de Don Constancio y Doña Elvira que eran los abnegados padres de Encarnación.

Luego Ildefonso tuvo que pasar un tiempo, unos años, fuera pues estaba estudiando en la Capital ya que él también quería seguir con la tradición familiar. En este empleo no se ganaba mucho, más bien se pasaban demasiadas penurias, pero la recompensa era muy grande.

Estudió mucho y estudió bien y gracias a la recomendación de su padrino Demetrio, que casi le echó las aguas y lo ha ido guiando junto a sus padres por ese camino verde que es la misma vida, obtuvo empleo y plaza de oficial.

Volvió al poco de salir al pueblo para hacerse cargo de las dependencias que estaban bajo su responsabilidad. Su padre ese mismo año se había jubilado y junto a su madre se habían ido a vivir al campo donde trabajando el terruño o criando a las gallinas se les podía ver tan felices.

Se instaló en su casa de toda la vida y se sentó tras la mesa que durante más de treinta años ha ocupado su padre al cual solo ha dejado una vieja foto de familia, gastada del mismo tiempo, donde se ven a tres generaciones con el mismo color que no es el sepia ni el blanco ni el negro.

A los pocos meses se casaban Encarnación e Ildefonso en la vieja Iglesia donde hace ya más de 10 años se conocieron al salir de Misa un precioso y luminoso domingo lleno de frescor.

Su vida fue la que fue donde prevaleció las luces a las sombras pues por muy mal que pintara todo el Amor tan grande que se dispensaban Ildefonso y Encarnación lo envolvía todo.

Tuvieron tres niños y una niña que crecieron donde ellos lo hicieron, compraron botones, bolindres o alguna que otra peonza en la tienda de su abuelo Constancio que ahora llevaba su tío Perico que hay que decir era más cariñoso que el viejo gruñón del tendero.

Ildefonso llevó una vida profesional pletórica pues amaba lo que hacía ya que formaba parte de los genes de su familia. Su padre hace algunos años murió tranquilo sentado frente a la ventana mientras veía atardecer en el campo y su madre murió de sobredosis de Amor hacia su marido pues no pudo aguantar su falta.

Esa clase de Amor era el que se profesaban Encarnación e Ildefonso y el que transmitieron a sus hijos.

Ildefonso, el mayor, eligió seguir los pasos de su padre, abuelo y bisabuelo mientras Faustino quiso estudiar medicina y Demetrio estaba tocado para altos vuelos y se hizo piloto pero no militar sino civil y ahora surca los cielos donde puede estar en Pekín y mañana en Estambul.

Encarnita, la pequeña, que ya era toda una mujer estudió derecho y se enamoró de Vicente, un comandante de la Marina Mercante, que le entregó los mandos del navío de su corazón según le decía una y otra vez mientras Ildefonso miraba a Encarnación y le decía: ¡Es que tu yerno es un poco cursi! Y se reían los dos a pesar de llevar toda su vida juntos se seguían riendo y amando como el primer día.

Cuando se jubiló llevaba ya las tres estrellas de ocho puntas y aunque su intención era descansar y dedicarse de una vez por todas a su mujer, sus hijos y los nietecillos que ya alumbraban más si cabe su hogar desde el ministerio le ofrecieron el dirigir el colegio de huérfanos y no pudo negarse aunque no trasladó su residencia sino que viajaba a Madrid varios días al mes para tenerlo todo lo mejor controlado.

Un día, en una importante reunión en la que asistió el Rey y todo, tuvo un lapsus de memoria, fueron unos segundos angustiosos donde su mente se quedó literalmente en blanco y aunque se recuperó sobre la marcha comprobó que empezaba a estar mal.

A los pocos meses pidió ser relegado de sus funciones pues no se encontraba bien y fue sustituido por su gran amigo de profesión, jubilado como él, Roberto.

Con los años todo fue a peor y las pruebas médicas se iban sucediendo con cada vez menos espacio de tiempo.

Y ya desde hace algún tiempo sin determinar se ve a Encarnación sentada frente a Ildefonso hablándoles de sus cosas con la mano cogidita.

¿Te acuerdas cariño cuando llegaste de la Academia al pueblo para hacerte cargo del viejo Cuartel? ¡Qué bonita y sencilla nuestra boda! ¡Tú estabas tan guapo con tu uniforme verde!

¿Te acuerdas cuando íbamos al campo de tus padres y te ponías a buscar los huevos entre los matorrales?

¡Qué Feliz he sido a tu lado cariño mío! ¡Qué Feliz sigo siendo!

Todavía me acuerdo cuando te jubilaste, tan firme, tan marcial, con tu tricornio que brillaba más que el sol, con tus estrellas de Coronel y tantas medallas que te reconocían tantos méritos…

Pero el mérito más grande, las medallas más bonitas, es tener tanto Amor en ese pecho, tus medallas tus cuatro hijos y los nietos. ¡Ay, amor mío que te quiero! ¡Qué orgullosa estoy de mi marido! ¡Qué me honra ser mujer y madre de Guardia Civil!

Él la miraba con esa expresión de alegría aunque sus ojos se veían tan ausentes, ya no le hablaba, solo perdía su mirada en la de Encarnación y así horas y horas cogidos de la mano mientras permanecían frente a frente.

Hoy ha venido su hija y le ha dicho al oído que admira que todos los días, a la misma hora, esté junto a su padre hablándoles, riéndose, amándole cuando el ya no sentía nada pues el Alzheimer lo había devastado tanto que no era ni un reflejo de lo que fue.

Encarnación la miró con ojos llenos de dulzura y le dijo que comprendía sus argumentos pero es que lo amaba tanto, lo quería tanto, tenía esa sobredosis de Amor, que aunque no escuchara ella le hablaba todos los días aunque cuando llegara a casa se pasara horas llorando y sintiendo su ausencia pues hace más de dos años que está en un centro especializado que lo están ayudando en esta avanzada fase donde se coaligan tantas demencias.

No concibo mi vida sin estar con él cada día a la misma hora, de sentir su piel cuando beso su cara o cojo su mano que caliento con la mía.

Y le hablo, le cuento, recordamos aunque solo lo haga yo porque él hace tiempo que su mente va por libre y no puede expresar ni sus más hondos sentimientos, su mirada perdida sé me mira y que sonríe para sus adentros.

Sí, él es la vida de mi vida, mi marido, mi compañero, un Guardia Civil que tiene el verde Esperanza muy adentro, con el que me casé al que amo con locura y que siento como él me sigue queriendo…

¿No voy a venir todos los días? ¿No voy a seguir viéndolo?

Mientras Encarnación se dirigía a su hija apretaba la mano de Ildefonso, el viejo Guardia Civil, que notó como una lágrima humedecía esos ojos de la mirada perdida que sienten, ven y captan las imágenes de los más nobles sentimientos.

Sí, hoy, como cada día de cada año, ha vuelto Encarnación y cogido a la mano de Ildefonso de su Amor, vivencias, recuerdos…

Jesús Rodríguez Arias


sábado, 11 de noviembre de 2017

PERE, UN VARA DE ALCALDE CON VARA




Pedro de siempre fue Perico pero desde que se metió en la política y para más seña la ERC empezó a llamarse y hacerse llamar Pere.
Pere Fonts Figuera para más seña aunque su carné de identidad, el español, dice que se llama Pedro Fuentes Higuera. Menos mal que él es catalán, catalán aunque sus padres son manchegos y el nació en Fuengirola pero que de eso nadie se acuerda ya que desde que no tenía ni 6 años se instaló en ese pequeño poble en el que echaría los dientes de la boca cuando se cayó de un árbol que dicen fue sembrado por Fraga.

Pere no se le dio bien el estudiar, tampoco el trabajar pues como decía su “pare” siempre ha sido muy flojo.

Sus “pares” pusieron una botiga que lo mismo vendía fils, cansalada i calçotets que les fue muy bien y ganaron mucho para comprarse de tó.

Pedro, Perico y desde ahora llamado Pere ingresó en la ERC pues consideraba que podría hacer mucho por su país y su país hacer mucho por él como bien ha quedado demostrado.

Cuando alguna que otra vez se ponía en el mostrador de la botiga de sus pares siempre terminaba de la misma guisa: ¿Caro? Usted no sabe lo que es caro cuando todos los días Espanya ens roba… ¡Y se quedaba tan pancho!

En las últimas elecciones ganó el CiU de Mondrigal, un moderado democristiano de merda que no ha hecho ná por la independencia.

ERC en este pequeño poble nunca ha obtenido representación pues los vecinos son gente trabajadora que huye de todo lío pero con la crisis muchos vivieron momentos chungos y eso hizo que la candidatura encabezada por Pere consiguiera mayoría absoluta.

Sí, Pere Fonts Figuera se convirtió en alcalde de la vara con pensamientos independentistas pues Espanya ens roba.

Se casó con una austera chica que militaba por entonces en la CUP hasta que fue expulsada por la misma Anna Gabriel ya que la primera usaba desodorante y era de ponerse rompa interior cuando sus compañeras de partido bien se sabe que defienden el “libre sangrado”.

Marta quedó muy desencantada con la política y cuando se casó con Pere le dijo que estaba hasta el coño de que él se dedicara a esas gilipolleces de la ERC. ¡Nos ha salido fina la chiquilla!

Enseguida se quedó embarazada aunque Pere se había hecho la vasectomía pues se decía que eso era cosa de progre. El Doctor Joan le dijo que eso podría fallar, que no se preocupara pero él, como con el estat, no la tenía todas consigo.

Pere era muy independentistas y amigo íntimo de Carles, Oriol, Forcadell y todos los Pujol aunque cada dos meses se acercaba a Madrit donde tenía a su amant de toda la vida la cual le sacaba los cuartos, que pagaban los vecinos del poble, pues había que pagar su silencio con amplios lujos.

No os podéis imaginar la emoción apenas contenida cuando Carles y Oriol declararon la republica catalana desligándose de Espanya pero no de los dineros de Espanya que necesitaban para seguir viviendo del cuento aunque eso es otra historia.

Su amante le dijo por teléfono con cobro revertido que hasta aquí podíamos llegar, que se fuese al mismisimo carajo pues ella era muy española y a tí cateto te encontré en la calle, que terminaban para siempre y que le pasaría una pensión de 10.000 euros mensuales si no quería que fuese al poble para hacer turismo e informar la vara de alcalde que tenían.

Apesadumbrado llegó a casa mientras Marta hacía las maletas pues se iba a vivir con el padre de la criatura que no era otro que su amigo Evaristo que era un gran empresario en bolas chinas de segunda mano.

¡Todo me tiene que pasar a mí!

Su amante lo deja y le saca los cuartos, su mujer lo deja porque sale del cuarto, Carles y Oriol están perseguidos porque el gobierno ha decidido aplicar el 155 del reglamento internacional del juego de canicas, sus padres han cerrado el negocio porque se han jubilado y se han marchado a Castellón ya que han trasladado allí su sede…

Menos mal que al menos le quedara la alcaldía y la vara que eso viste mucho.

A medianoche sonó el teléfono. Estaba somnoliento después de haber tomado fuet en cantidad con ratafia, que llegó a vaciar la botella, y se encontraba algo indispuesto. Era Carles que con voz temblorosa, se diría que estaba cagado de miedo, que le decía que ingresara en la cuenta X la cantidad de 100.000 euros pues tenía que irse para Bélgica pues estaba perseguido por la dictadora opresión del gobierno de Espanya.

Tuvo que llamar al tesorero municipal y exigirle con orden que ingresara ahora mismo la cantidad reseñada en la cuenta establecida y que si se oponía su hija la mayor saldría del puesto de jefa de gabinete del secretario de estanques y derivados.

Al poco se fue enterando que su admirado Oriol y muchos colegas de la república catalana eran detenidos y enviados a la trena.

Ya no se pudo acostar sino que se vistió de gala con vara en mano y esperó en el ayuntamiento que viniera la policía a detenerle pues se veía también un héroe de la independencia.

Pasaron las horas, incluso días, y por su despacho no se acercó sino el Luciano que iba a pedir un trabajo para su Remedios que acababa de salir “licensiá” en recoser el pellejo de los escrotos de las mariposas.

Se veía incluso abandonado por la policía que no venía a detenerle. ¿Pero que había hecho él para tener un trato tan denigrante?

Un día que estaba en su despacho firmando la última transacción financiera para la realización de un busto al presidente de la república catalana Muy Honorable Carles Puigdemont en la rotonda que hay en la entrada del poble recibió la llamada de Albert Sinexcusas, regidor del poble de al lado y presidente de la unión de alcaldes de la vara, para decirle que tenían que viajar a Bruselas para apoyar al ciudadano Carles exiliado por la opresión que estamos viviendo aquí. Los gastos estaban pagados. Deberían ir con sus vestidos propios y sobre todo la vara, que la vara no falte, que ha hecho mucho incapie el ciudadano presidente Carles.

Eso sí, tendremos que llevar todos 250.000 euros para sufragar la estancia de nuestro presidente y que eso no es ná para lo que nos queda por financiar.

Nueva llamada y el dinero en su mano. Ya antes había hablado con su concejal de tributos que le ha dicho que tiene que crear un impuesto para sufragar la independencia y que cada vecino tendría que pagar 50.000 euros fraccionado en 3 plazos con el 36% de interés.

¡Qué algarabía en el avión que los trasladaba a Bruselas! ¡Qué de cánticos regionales! ¡Hasta Asturias Patria querida se llegó a escuchar!

Luego un bus lo trasladó al lugar que lo esperaba el ciudadano presidente y todos varas en alto lo aclamaron como vivas muestras de apoyo. Carles dijo lo que dijo y se marchó. Antes su personal secretario había hecho acopio del dinero que todos llevaban y los despidió con un emocionante “hasta luego”.

Sí, Pere Fonts Figuera había contribuido y hecho historia en Bélgica junto a los varas de los alcaldes de la vara.

Llegó al poble henchido de orgullo con la cabeza alta como buen patriota que se precie cuando vio que dos coches de la opresora policía española estaban parados delante de la alcaldía. Salía en ese momento su concejal de tributos y el tesorero esposados acusados de malversación, cohecho y apropiación indebida.

Pere se descompuso pues aunque sabía había robado lo suyo desde que llegó al cargo pensó que eso era por la independencia. Como nadie lo había visto cogió su viejo Ford Fiesta con matrícula de Toledo y se fue camino de Andorra donde tendría su cuartel general en el exilio gracias a las cuentas que tenía abierta y que tanto le recomendó su admirado Don Jordi.

¡Cosas de la independencia!


Jesús Rodríguez Arias

jueves, 9 de noviembre de 2017

NACHETE...



Nachete no pidió nacer donde lo hizo pero no se arrepiente ya que ese lugar perdido entre montañas donde se sabe que es el frío, la lluvia, la nieve, es su pueblo y lo será toda la vida.

Nachete no sabe lo que es la playa ni las grandes ciudades esas de la que hablan la gente que vienen alguna vez en el bus de Damián. No conoce ese “refinamiento” que dice su amiga Paula que existe en la Capital y todo lo que sabe se lo debe a Don Cosme, el viejo profesor, que se ha preocupado de enseñarle a horas y deshoras pues el conocimiento te da libertad decía mientras se tomaba ese café pucherete que se preparaba en las frías tardes de enero mientras la nieve lo cubría todo.

Su madre Severina trabajaba de sol a sol limpiando y cuidando la casa de Doña Encarnación que era la última representante de una noble familia a la que el pueblo debe su nombre. Doña Encarnación ya lucía sus 80 otoños pero mantenía esa hidalguía de los que han conocido lo mejor y también lo peor de la vida.

Severina había pasado de ser del cuerpo de casa hasta ahora que lucía galones de ama de llaves y en verdad era quién gobernaba el pequeño palacete que se erigía a dos pasos de la Iglesia.

Severina solo había tenido un hijo, Nachete, que llevaba sus apellidos pues era madre soltera ya que su novio de toda la vida, de cuyo nombre no quiere ni acordarse, se marchó en cuanto supo iba a ser padre. Severina ha tenido una vida difícil aunque muy feliz pues su hijo de su alma le ha dado muchas alegrías y alguna preocupación como cuando se cayó de la higuera el pasado verano o cuando tuvo esa pulmonía tan mala hace dos inviernos.

Cómo hija de la época en cuanto se supo su embarazo su padre le retiró la palabra aunque su madre le hacía llegar algunos cuartos con el que se mantuvieron los dos primeros años de Nachete estar en esta vida. Severina sabía que su padre había muerto cuando se cayó arando el campo y que su madre no se ha recuperado de su falta. Quiere ir a verla pero se lo impiden sus hermanos que dicen ella es la vergüenza de la familia.

Severina lloraba en silencio mientras le contaba a Nachete que sus abuelos vivían lejos, muy lejos, como así era y que su padre fue un marino que murió en un naufragio poco antes de nacer, que por eso llevaba sus apellidos, pues no le dio tiempo a arreglar ningún papel.

Nachete quería con locura a su madre que era su todo aunque la veía solamente de noche cuando volvía a casa agotada. Bien sabía que gracias al trabajo en la casa de Doña Encarnación él podía estudiar y comer aunque fuera una vez al día.

Nachete hacía mucho tiempo que no comía pan y no porque su madre Severina no se lo comprase todos los días sino que su parte se la llevaba a Don Cosme al que su sueldo en la escuela no le llegaba para ciertos dispendios y es que estaban en esa época en la que no se podía pasar más hambre que un maestro.

Para Nachete Don Cosme era su referente. Era culto, educado, religioso, pero con conocimiento no beato como Doña Frígida y su hermano Amarando que iban del brazo a Misa como si fuesen marido y mujer aunque  no se habían casado cuidando a sus padres. Doña Frígida y su hermano Amarando, que iban y venían cogidos del brazo, eran de velitas, oraciones y critiqueo a todo bicho viviente. Don Cosme en cambio era un hombre de fe que había profundizado en conocimientos y mantenía vivas tertulias con Don Lázaro, el Cura del Pueblo que junto a Carmelo el farmacéutico, el Doctor Remigio, Don Carlos, el alcalde y Don Antonio, el sargento de la Guardia Civil se podían decir que eran las fuerzas vivas del pueblo donde Nachete había nacido.

El cariño que le dispensaba Don Cosme y la admiración que recibía de Nachete hizo que con el tiempo lo acompañara a las tertulias aunque solo fuera para escuchar. ¡Hay que embeberse de sabiduría! Decía Don Cosme una y otra vez.

Los años no pasan en balde y cuando Nachete terminó la escuela tuvo que ponerse a trabajar con Rufo el viejo y gruñón zapatero aunque cuando terminaba de remendar zapatos y botas iba todos los días a ver y también aprender de Don Cosme que nunca le dejó de enseñar pues quien tiene muchos conocimientos le gusta regalarlos a los demás. “La sabiduría, decía, no es cosa egoísta porque pierde valor si no se comparte”.

Hacía ya tiempo que su madre Severina se dedicaba a Doña Encarnación que había caído postrada y en sus ojos veía como la vida se iba muy poco a poco.

“No te preocupes Severina, que sabré agradecer tantos desvelos como has tenido con mi familia y conmigo durante tantos años”, le decía Doña Encarnación mientras Severina le ponía un almohadón para que no se ahogara.

Doña Encarnación ya había dispuesto un capital para la buena de Severina en su testamento aunque quería hacer algo más por ella y por su hijo Nachete que nunca dijo nada a que su madre se dedicara en cuerpo y alma a su augusta Familia.

Hacía tiempo que Severina le había dicho que su hijo tenía una ilusión pero que con el trabajo de zapatero no le llegaban los cuartos para intentar siquiera su sueño. Además no conocía a nadie pues hacía tiempo habían revelado al buen amigo de Don Cosme y al de ahora no lo conocían de nada pues no se había integrado en las tertulias ya que decían que tenía un carácter muy “suyo”.

Doña Encarnación mandó a llamar a un primo suyo que ostentaba un alto puesto en el mando y se reunieron en privado pues quería pedirle un último favor. Severina no sabía lo que se estaba cociendo aunque percibía que era importante.

A la semana Don Marcial llamó a Nachete a que fuera a verlo a la Capital, que ya tenía el billete y alojamiento pagados para los días que tenía que allí permanecer. No es óbice decir que Don Rufo cogió un enfado de mil demonios pero que se calló cuando recibió una carta de Don Marcial con escudo y todo.

Severina con los ojos empañados en lágrimas lo animó a ir pues seguro que es bueno para ti, hijo mío.

Nachete tenía una ilusión y aunque sabía era imposible pensaba que este viaje podría abrirles algunas puertas para lo que fuera. Marchó en honor de Don Cosme, un erudito que había muerto la primavera anterior de unas fiebres malas y que le dejó su biblioteca y esa vieja estilográfica que según él le regaló en persona el padre del Rey.

Cuando Don Marcial habló con Nachete ya supo que sus sueños se cumplirían porque así lo había dispuesto Doña Encarnación que se haría cargo de todos sus gastos hasta que saliera con el empleo.

La vida continuó en el pueblo que iba cambiando como cambiaba la gente. Doña Encarnación murió con una sonrisa de gratitud hacia Dios y la Severina de su alma que la cuidó hasta en la hora de expirar…

Doña Frígida y su hermano Amarando seguían dando sus beatíficos paseos cogidos del brazo creyendo ilusamente que sus paisanos los miraban como si de marido y mujer se tratase.

Severina pudo al fin ir a ver a su madre que pedía a todas horas dar un beso a su hija de su corazón y restañar tantas heridas por medio del perdón pedido y otorgado.

Hoy Nachete vuelve al pueblo, es la primera vez que lo hace desde hace 5 años que partiera, y lo hace por la puerta grande en honor de su madre Severina y de la memoria de Doña Encarnación, su mentora.

Lo hace erguido, hidalgo, lleno de esa nobleza que imprime carácter…

Lo hace con ese verde uniforme de Guardia Civil y sus dos estrellas que le confieren el cargo de Teniente.

Lo hace una vez que ha cumplido su sueño y es que… ¿Quién ha dicho que no se puede cumplir lo que tanto se anhela?


Jesús Rodríguez Arias

jueves, 2 de noviembre de 2017

CON ESPERANZA Y GRATITUD...




Había siempre un día en el año que se acercaba a ese lugar, ese precioso pueblito, del que nunca se iría para siempre aunque ya hace más de 30 años lo dejara atrás.

Era un ritual que seguía haciendo tal y como le enseñaron sus padres y antes sus abuelos. Antes venía con sentimientos encontrados y ahora lo hace con inmenso cariño y gratitud porque es bueno reencontrarse con tus raíces, con tus propios recuerdos.

Cuando puso tierra por medio y cogió carretera y manta iba a desarrollar la labor para la que estaba predestinado desde antes incluso de nacer pues en su vida no había profesión sino vocación y dedicación sin más.

No sabía que él no sería como los demás sino que viviría por los demás y a ver como se explica eso, como se entiende una experiencia tan vital.

Su abuelo Narciso fue de siempre Guardia Civil y hasta retirado mantenía la hidalguía de los que llevan por segunda piel el verde uniforme. Su abuelo Narciso vivía en la casa familiar desde que abuela Margarita muriera de una mala caída mientras venía de ayudar a una parturienta que había traído a su niño en medio de una oscura y fría madrugada. Su abuelo Narciso se emocionó siempre cuando hablaba del amor de su vida, su Margarita de su alma, que a la par de sus hijos, nieto y un hermano que le quedaba allá por el norte eran su única Familia.... ¡Junto a la Guardia Civil!

Recuerda una fría tarde invierno que su abuelo Narciso salió de casa para ir a la empedrada plaza donde se sentaría para charlar con su Margarita, que es en verdad lo que hacía, aunque a los demás le dijera que estaba rezando.

Recuerda que salió esa tarde, como todas las tardes, y no volvió más porque se quedó   “dormidito” en su banco de la plaza empedrada y se fue con la Margarita de su alma que lo recibió con alegría allá en el Cielo cuando lo vio aparecer con su verde uniforme de toda la vida.

Recuerda que aunque la vida continuó nunca fue ya igual porque abuelo Narciso no estaba y con él se habían marchado sus historias, sus recuerdos, sus risas o sus lágrimas cada vez que veía la vieja bandera de España.

Su padre Jacobo siempre fue un hombre recto, fiel. Admirable a la vez que sencillo y buena persona. Su padre Jacobo también tenía esa segunda piel del verde uniforme de la Guardia Civil, su brillante tricornio encima de la mesita de la entrada era la señal de que ya había llegado a casa. Su madre Sirga siempre fue una mujer de carácter, desprendida que había “heredado” el oficio de matrona que ejerciera la abuela Margarita hasta que una mala caída se la llevó por delante.

¿Cuántos niños habrá ayudado a traer al mundo? ¡Incontables! ¡Todos los del pueblico y alguno más! Ella era feliz haciendo feliz a los demás y mi padre lo era sirviendo desde su puesto a todos sin excepción. Hasta Lucas, llamado “El Carterista” jugaba al dominó con padre y eran buenos amigos, tan buenos serían que lo estaba metiendo por el camino correcto y ya hacía dos años y pico que no había vuelto a delinquir.

Él se marchó hace treinta años del pueblico pero antes lo hizo su padre que murió por unas fiebres que cogió una noche que se tuvo internar en el bosque en busca de una familia que se había perdido y que todos temían que los lobos hicieran una de las suyas. Iba muy desabrigado y claro, cogió lo que cogió.

Su madre Sirga siempre se dijo que tenía una salud débil desde esa vez que lo mal curaron de unas fiebres amarillas que tuvo antes de que se conocieran.

Sirga nunca fue la misma pues su carácter se resintió de la pérdida de su marido y aunque seguía siendo la matrona del pueblico ya no caminaba con esa seguridad y esa sonrisa que llevaba por bandera.

Cuando creció y vio que tenía que volar, que no se podía quedar allí, que tenía que experimentar su vocación, decidió irse a vivir con su hermana Catalina, mucho más joven que ella, que se había quedado viuda y tenía la casa “mangas por hombro” pues no daba a bastos con la pena y los 8 niños que tenía.

Entonces él vio claro que tenía que marchar de aquél lugar que había sido su vida y la vida de los suyos. Que tenía que poner tierra de por medio para llegar a ser lo que quería ser en su vida.

Ingresó joven y se “licenció” pronto. Durante muchos años estuvo en innumerables Casas Cuarteles mientras recorría España entera. Tenía el gesto cariñoso de su abuelo Narciso y el porte marcial de su padre Jacobo. Llevaba más guardias que el más joven de los guardias pero a él no le importaban pues lo que más le gustaba en el mundo era “salvar” la vida como por vocación sabía hacerlo.

El también llevaba en la sangre el verde que imprimió el carácter de su abuelo Narciso y Jacobo, su padre...

Al principio, cada año, volvía con tristeza y melancolía impropia de una persona como él, con sus valores, con sus creencias, pero era así...¡Que le vamos hacer!

Pero con los años, las vivencias, la vida la tristeza y la melancolía se fue convirtiendo en gratitud y Esperanza que tiene el mismo color que la Guardia Civil a la que sirve sin descanso y cuando se dice sin descanso es en la totalidad de su tiempo.

Pocos años atrás también murió su madre y ahora descansa junto a su marido en el nicho que compraron con los ahorros de varios años.

Hoy ha vuelto, ha recorrido sus calles, se ha acercado al viejo cementerio que está encima de la loma para rezar ante los suyos y ponerles esas flores silvestres que tanto gustaban en su casa de la infancia.

Ha rezado y sus ojos se han impregnado en lágrimas de Amor y Gratitud...

¡Don Diego, qué alegría el volverlo a ver!

¡Hombre, Lucio! ¡Por ti no pasan los años! Le dijo al viejo sepulturero que estaba próximo a la jubilación.

Don Diego, me he pasado la vida contemplando la muerte y ahora me quieren jubilar para matarme en vida.

Él lo miró con ojos de inmenso cariño mientras le dio un abrazo a modo de bendición porque al que conocían por Don Diego que era hijo de Jacobo y nieto de Narciso, era Capellán de la Guardia Civil...


Jesús Rodríguez Arias

Nota: Aunque el Pueblico de la historia no se sitúa la fotografía corresponde al Cementerio del Salvador de Villaluenga del Rosario que es mi pequeño guiño a este bendito pueblo donde hace ya tiempo fijé mi residencia

sábado, 28 de octubre de 2017

DE LUCIO, "LA HORTENSIA" Y EL TALLER DE FELACIÓN




Lucio nunca se lució mucho pues como estudiante era lo que hoy llamamos mediocre y antes era un zoquete, un burro de tomo y lomo. A eso salía a su padre Zenobio, que desde muy joven se dedicó a la política porque ser muy de izquierda era la clandestinidad pura y dura aunque ostentando el cargo que ostentaba nunca pisó la cárcel y menos una comisaría porque Zenobio nunca fue mucho de los de dar la cara pero si llevárselo calentito.

Cuando murió el dictador y la izquierda por fin ganó a ese centro en el que ellos no creían lo eligieron diputado provincial y estuvo de vicepresidente de la misma hasta que se jubiló por incapacidad pues el coche oficial donde viajaba tuvo un choque y quedó para el arrastre de las cervicales. Pensión máxima a los 48 años. Aunque no podía trabajar todavía se le veía en el campo cortando las ramas de los árboles pues de siempre fue muy ecológico.

Zenobio y Modesta tuvieron dos niños: Lucio y Zenón. El primero no llegó a nada en el tema académico y el segundo estudió en la uni y ahora es profesor en la complutense y según dicen las malas y buenas lenguas es muy amigo de Monedero.

Lucio quedó en el pueblo a cargo de las vaquerizas hasta pasar a la política ya que lo llevaba en su sangre roja y republicana. Se afilió al partido Comunismo y No Democracia y con sorpresa mayúscula consiguió la mayoría absoluta gracias a un concejal tránsfuga del “soe” que había abandonado sus filas por el mejor “postor”.

El alcalde socialista que llevaba más de 16 años en el cargo abandonó despacho y también cargo público y se fue a dar clases pues de siempre ha sido maestro.

Lucio se convirtió en el primer alcalde comunista del lugar y empezó a gobernar a base de bandos, bandazos y con su banda de mamarrachos.

Al poco visitó la casa familiar su hermano Zenón que llegó acompañado de un amigo suyo minusválido al que costaba un huevo transitar por las empinadas calles. Echenique se llamaba y mientras comían arroz con bogavante, que bien se sabe es comida de pobres, le decía a Lucio que tenía que hacer que las calles no fueran impedimentos para las personas con capacidad reducida, que debía en ellas habitar toda clase de diversidad, que era un espanto ver a un burro cargado trasladando bultos a las órdenes de su dueño porque el burro tenía derechos y el que debería cargarlo sobre las espaldas es ese explotador de los más desfavorecidos y que seguro es un fiel ejemplo del caduco heteropatriarcado.

Le ofreció que en su pueblo se unieran con los de su partido para ponerse morados cosa que le gustó sobremanera mientras se metía en la boca la cola del bogavante pues bien sabemos que los ropasueltas les gusta mucho el color rojo marisco del bueno.

Se unieron en coalición con la concejal ropasuelta y mandaron al carajo al tránsfuga que se quedó sin cargo, partido, prestigio y sueldazo. Así es como tratan los ropasueltas a los traidores como ellos.

La Hipólita, antes Sebastían, se había cambiado de sexo en el registro civil pues decía que no se operaba, que llevaba al chanito ese entre las piernas desde que nació y que ya le había cogido cariño. Esta ínclita concejala ropasuelta enseguida fue aupada al cargo de Tenienta de Alcalde de desarrollo urbanístico y asistencia social, plural, multicultural y asexuada. Ganaría según el boletín del estado más de 90.000 euros que eran 15 millones de pesetas de las de antes cada anualidad.

La Hipólita que de siempre había llevado bigote se lo dejó porque había que defender la diversidad y todos los días iba a su despacho con sus floreadas faldas, sus zapatillas de esparto, su mochila  a la espalda su melena al viento y su pedazo mostacho que es su herencia familiar aunque su padre Eulogio, como es un caduco ejemplar del heteropatriarcado no quiere saber nada de él desde que abandonara el hogar y se llevara los ahorros familiares porque siempre decía que lo de todos era suyo pero lo suyo no era de todos como buen ropasuelta que se precie.

Lucio con La Hipólita y el concejal de hacienda, El Macario tuvieron que pedir al banco un préstamo de 10 millones de euros para hacer obras en todas las calles y ponerlas “planitas” a pesar de que el pueblo estuviera erigido en las faldas de una montaña.

Cambiaron el acerado colocando adoquines con el color de la bandera de los orgullos, pusieron macetones morados, banderolas con la cara de Maduro y el eterno Fidel y hasta de unos moros que nadie conocían y habían visto en su puñetera vida. Se gastaron los millones en tonterías pero lo que no pudieron fue poner las calles más “planitas” porque para eso tenía que construir de nuevo el pueblo y antes derribar la montaña cosa que se estudió hasta última hora por los buenos contactos de la Hipólita con los extintos terroristas etarras.

Cuando Lucio se paseaba por la calle los vecinos miraban para otro lado o le decían de hijoputa para arriba pues había subido los impuestos un 500% para ir pagando las deudas de poner el pueblo en desarrollo y dentro del progreso y diversidad.

La Hipólita vivía con Mohamed que así se llamaba el loro que se compró en las Islas Caimán cuando fue a ingresar unos dinerillos a este paraíso fiscal donde figura como Don Sebastián.

El pueblo había retrocedido en años y sobre todo en tensión entre los vecinos pues no había uno, fuera del signo político que fuera, que pudieran ver a los sinvergüenzas que lo estaban gobernando.

Se estaba preparando un frente común democrático en el que figuraba el soe, la derecha de Don Evaristo y los centristas de Carlos el procurador. Había que plantar cara todos unidos para echar a los que se unieron para llevárselo tó.

Un día La Hipólita entra en el despacho de Lucio y le dice que va a organizar unas jornadas para todo tipo de orgullos, que costaría 250 mil euros los tres días y que ya estaba todo organizado.

Se celebraría en el Patio Cultural donde en esos días no habría clases de adultos, se suspendía el reparto de alimentos a los necesitados porque esto era muy importante, era poner al pueblo en la órbita de la más progresiva diversidad.


Primer día:

Entrega de credenciales, cada inscripción costará 669 euros de nada, y material didáctico.

Inauguración con palabras del alcalde con el representante comarcal de los orgullos. Puede ser que asista incluso algún representante de diversidad de género como puede ser el retal de tela aunque todavía está sin confirmar pues están liados con eso de la independencia.

Primera Ponencia-Coloquio con el activista Gran Gnabo que hablará de la dificultad de las moscas a la hora de manifestar su diversidad sexual.

Trabajos en grupo sobre el tema de la ponencia.

Almuerzo en catering contratado expresamente cuyo cubierto costará aproximadamente  300 euros por comensal vips y canapiés de chistorras o almejas, según los gustos, para el resto.

Recorrido por el itinerario urbano adecuado para la diversidad y el desarrollo de tantos orgullos.

Descubrir placa y aplausos con oficialidad.

Se alojarán en complejos turísticos de otras poblaciones ya que Salustiana la de la Pensión se negó porque según esta arcaica señora los del orgullo son gente con mucho parné y van a querer que se les cambie las sábanas cada día y que por eso ella no pasa. Las tradiciones hay que mantenerlas Sebastián, que no que soy la Hortensia, y que aquí siempre ha habido olor a hogar y eso se consigue dejando las sábanas más de una semana puestas y las toallas sin cambiar...

¡Qué mujer más obtusa! Dijo Lucio con toda razón mientras se tomaba su tapita de jamón del bueno con queso curado porque ser ropasuelta no quiere decir que pase hambre.

El segundo día estará dedicado a la diversidad de las almejas y algún que otro choco y la ponencia estará a cargo del prestigioso palomo cojo que ha pedido una invalidez y se la han reconocido.

Después de la charla vendrá lo más esperado y lo que más éxito está teniendo donde se han celebrado estas jornadas, dijo la Hortensia con embargada emoción, pues supone un hito histórico para el desarrollo de la diversidad dicho con orgullo.

Lucio, la miraba expectante pues él en verdad desconocía los tejes y manejes de tanta diversidad y después es lo mismo de siempre...

Alcalde, se va a celebrar en el pueblo durante un día y medio en prestigioso y conocidísimo “Taller de Felación”. ¿Qué te parece? Un hito histórico, ¿verdad?

A Lucio se le cambió el semblante pues como sus estudios y conocimientos eran mínimos en el léxico se creyó que eran unas jornadas gastronómicas, vamos de comer, y a él le encantaba el buen comer. ¡No iba muy desencaminado!

La primera sesión estará impartida por el prestigioso Gran Gnabo que enseñará las técnicas de manejo tal y como se manda.

Te diré que el primero que acceder a estas prácticas tienes que ser tú como alcalde, después iré yo y después los que se apunten por el módico precio de 500 eurillos de nada pues no todos los días puede degustar tan buen producto.

Por la tarde lo dará la rusa Vajinâ Pârratodâs que será dirigido a un público más versatil. Ahí Lucio no te voy a obligar a que vayas siquiera.

Y el tercer taller lo haremos nosotros porque podemos...

El alcalde se levantó de la terraza de Curro el muletero, porque había sido figura del toreo de salón, y se fue al despacho para firmar todos los pagos para que se realizase tan egregio evento.

Os diré que el primer día de las jornadas históricas fueron un éxito pues vinieron congresistas de todos los lados menos del pueblo que no se apuntó ni uno, de hecho se encerraron en casa en señal de protesta por la abusiva medida de incrementar los impuestos para pagarlo. Hasta las tiendas y los bares cerraron haciendo que pareciera un lugar fantasma.

El pobre Lucio no sabía que el principio del fin se estaba acercando.

Segundo día charla y taller donde comería de lo lindo pensaba Lucio mientras se ponía el yersi ajustaito que era el que más pegaba aunque marcaba barriga ya que desde que es alcalde ha engordado en kilos y en cuentas.

La Hipólita emocionada presentó el Taller aunque Lucio no vio sino al Gnabo ese y por mucho que miró no advertía la presencia de chef ni camareros. No entendía nada aunque esperaba que llegaran pronto pues la hora del aperitivo había pasado y tenía gusanillo. Hortensia me ha dicho que hoy iba a comer de lo lindo...

Entonces Gran Gnabo se baja los ajustados pantalones con la ropa interior incluida y muestra al mundo el por qué de su nombre. Un sonoro aplauso brotó en el Patio que hizo que se despertara Lucio que se había quedado un poco mamado por la falta de sueño mientras La Hipólita lo llamaba a voz en grito pues a él le correspondía el honor de abrir el taller y de probar la “exquisitez” que mostraba el susodicho que medía más de la media, pero mucho más...

Lucio, con ojos espantados, dijo que no con la mano y La Hipólita que si, que no fuera antiguo, que parecía del heteropatriarcado. El alcalde debería hacer los honores a este “alimento” tan sano.

Lucio entonces no se pudo reprimir y le salió todo lo primitivo que era en verdad gritando desgarradoramente que hizo incluso demudar el color del  Gnabo.

¿Yo? Jajajajaja ¡Y un carajo!

Y se marchó...

Terminaron las jornadas, elecciones que fueron ganadas por Carlos el procurador con el frente por la Libertad y la Democracia que unía a todos a una aunque dicen que de Lucio no se supo más pues desde el día del Taller de Felación dejó el cargo y marchó lejos de allí donde su tío Eustaquio tenía un campito y allí trabaja la mar de a gusto mientras decía siempre que podía: “En esto de la política hay que comerse algunos sapos pero de lo otro, de lo otro..., vamos a dejarlo”.

Y así acabo todo mientras la Hortensia vive de puta madre en las Islas Caimán donde todos lo conocen como Don Sebastián...

Y es que hasta para ser ropasuelta hay que servir.


Jesús Rodríguez Arias