lunes, 15 de agosto de 2016

LOS ROPASUELTAS SON "RETROPROGRESISTAS".







¿Os imagináis a un ropasuelta compitiendo en los Juegos Olímpicos? ¡No! ¿Verdad?

Los atletas son persona que se sacrifican, que cumplen con su deber todos los días llueva, nieve haga frío o calor mientras un ropasuelta que se precie está sentado a la bartola, que no es nombre de una señora,  tomándose su correspondiente cañita de cerveza, fumándose el wiston o porro correspondiente, viendo en el ipad algo, haciendose un selfie o rascándose los huevos tan ricamente.

Ahora todos están más calladitos aunque preparando el pedregoso terreno de lo que pueda venir en esta legislatura. Mientras todos piden que se permita la gobernabilidad por el bien de España estos mierdas, que lo menos les importa es la nación de la que cobran pingües estipendios se dedican a ensuciar, emborronar.

Los círculos se están conviertiendo en “bujeros” de la escabechina que está realizando el olvidadizo de Echenique que siempre señala a todos con saña mientras los que trabajan para él lo hacen de una forma más que irregular.

La justicia es para todos. ¡Para ti también picha!

Eso sí hay que cambiar todas los nombres de las calles que huelan a rancio porque es mejor que huelan a culo. ¿Dónde vamos a parar?

En Sevilla sin ir más lejos los rectores “retroprogresitas” quieren meterse y mandar en casa ajena. Según estos adoradores del rojo marisco lo que quieren es que los restos de Queipo de Llano que están enterrados en la Casa de la Esperanza Macarena sean de allí desalojados.

Queipo a la calle,
es un okupa el tío,
nosotros los malages,
gobernamos con tronío.

Una calle o avenida,
si huele a dictadura,
se le cambia enseguida,
y se pone lo que surja.

En Iglesias y Basílicas,
también decidimos,
esto es nuestra política,
y que le den a los vecinos.

Puño en alto camarada,
no vayas a soltar el sillón,
no queremos ensalada,
nos gusta el jamón.

La verdad sea dicha que como macareno me siento indignado con las tropelías de esta panda de amiguetes que gobierna Sevilla y ya esté enterrado quién sea si en dentro de la Basílica, yo lo tendría claro, que ahí se queda.

No me gusta adelantar,
ni por izquierda o derecha,
solo pido respeto sin más,
para las cosas de la Iglesia.

Que la Esperanza se viste de verde,
no es azul, roja o morá,
y eso todos lo entienden,
Sevilla la eterna enamorá.

Ante la permisividad de Yaya Carmena a la hora de consentir que en las piscinas públicas se puedan enseñar los vellos públicos me hago una serie de cuestiones que deberían ser tenidas en cuenta por los que gobiernan y también los que lo asesoran que saben menos que los primeros pero que bien lo cobran.

Si te sientas en el césped,
sin calzones o bañador,
¿Se te mete en el cerete
piedras a base de dolor?

Cariño, tengo almorranas,
siento el culo irritado,
me he sentado de forma rara,
y siento el sieso algo raro.

No me distraigas con tus cosas,
que estoy bien preocupá,
tengo el cuerpo todo rosa,
y la barriga encalá.

El toto de titi,
el tete de Tato,
la teta de tita,
y todos afeitados.

En las piscinas se han organizado concursos variopintos también de pintas.

Salto de trampolín con fuchinga acrobática.

Para hacer piruetas,
acrobáticas y artísticas,
hay que tener regleta,
y no una funchinga.

Respeto a los que en verdad hacen nudismo porque ellos son los primeros en respetar a todos.

Pero esta moda ropasuelta de imponer “por cojones” es la me solivianta y escriba poniendo hasta los bemoles.

Si te encuentras a un gachó,
con camiseta  puerca,
no te estrujes el tarro,
estás ante un ropasuelta.

Otegui ha dicho en forma desafiante que ningún estado, leyes ni policías van a impedir que él participe en la alta política.

ZP  e Iglesias,
que tienen mucha faz,
dicen que este mierda,
es un hombre de paz.

Que se vaya a Venezuela,
a ver si aguanta a Maduro,
que ese lo mete en la celda,
y que le den mucho por culo.

Este año el ropasuelta alcalde de Cádiz que ha dejado a la Tacita a oscura al igual que la playa en verano de noche, que se quiere cargar las barbacoas y también el Carranza pues ha dado dos perras chicas para el Trofeo más importante en el verano futbolero.

El día menos pensado eleva a sus “círculos mentales” la propuesta de cambiar el nombre del emblemático Trofeo Carranza por el  de Echenique, Er rejón o por el de Pablo Iglesias que es un Fermín Salvochea del montón.

El piscineo es la fiesta del verano para todo los ropasueltas y quienen adoran sus idearios laxos.

Una gran piscina,
llena de gachones,
muchas mininas,
y pocos hachones.

Dicen que la Colau quiere hacer una gran mezquita en Barcelona en la plaza de toros que estos ropasueltas asquerosos, con chaquetas o sin ellas, vaciaron de sentido tan histórico coso.

Yo meo, me estoy meando,
la Colau es una artista,
quiere poner a Franco,
y también una mezquita.

Resultado de imagen de desde la carcelAhora os dejo con unos poemas carcelarios del “nuevo” Miguel Hernández, el preso Bódalo.

Estoy preso,
soy cárcel,
dame queso,
no te rajes.

Si se te cae el jabón,
al suelo de la ducha,
no pegues un resbalón,
ni para coger la babucha.

Cañamero no se pone,
ni siquiera la camiseta,
tiene calor el hombre,
en la piscina de su suegra.

Vuelve la moda de antes,
para la gente de fuera,
ahora llevan los tirantes,
hasta los ropasueltas.

Sácame de la cárcel,
Julito haz el favor,
dicen soy un tunante,
y tú tampoco aviador.

Y ahora un nuevo apartado, que para eso estamos en verano, dedicado a los tirantes de los ropasueltas.

No lo llevan todos,
solo los intelectuales,
mayores no tan mozos,
hay tirantes y tirantes.

Un color, uno solo,
un solo tirante,
que sirva para todo,
y se lleve sin arte.

Para pantalón y vaquero,
bañador y tanga,
pirata o bandolero,
o en pelota picada.

Os dejo con este verano lleno de ropasueltas “retroprogresistas” de panderetas.

Y ahora hago una pregunta al aire que todavía es gratis y libre: ¿Dónde está Pablo Iglesias? ¿Y Pedro Sánchez? 

Jesús Rodríguez Arias






viernes, 12 de agosto de 2016

"EGOS DE SOCIEDAD": LA SEÑORITA PITIMINÍ DE PERRACHICA


Nacida entre algodones no obstante su madre trabajaba en una fábrica de colutorios.

De familia de holgadas influencias aunque de poca chicha siempre destacó por su anodina mirada, por su desinterés pertinaz, por ser la más guapa de pocos agraciados. La octava de ocho hermanos que la mimaron e hicieron que creciera sin detenerse un solo momento.

Sus padres tenían “contactos” con los que en verdad mandaban y supieron aprovecharse de esta situación para ganar  amplios estipendios que darían holgura y tranquilidad económica a su hogar. También cuando los hijos y correspondientes iban creciendo eran colocados en lugares preferentes donde ganar un sueldo seguro sin hacer mucho. No había llegado todavía el desarrollo mundial a esos extremos cuando en ese lugar ya se usaba con cierta comodidad la “vía digital”.

El primer hijo fue colocado por la misma cara como Jefe de Servicio de Glosarios y Encurtidos con amplio despacho y sin funciones aparentes aunque sueldo abusivo.

El segundo hijo terminó siendo Proclamador de “Cantamañanas”.

El tercero, que sus padres dijeron que era el más torpón, lo pudieron colocar en una lista y ahora es alto cargo en los mudos parlamentos.

El cuarto, que gustaba de saber comer pues estaba orondo y redondo, lo colocaron en la nueva fábrica de cerdos y derivados donde fueron famosas las salchichas de barro. Estas fueron vendidas por una millonada a países del tercer mundo con un convenio de solidaridad internacional.

El quinto pudo ingresar a sus 20 años como Intendente General de efluvios ocupando el lugar del que anterior que se llevó toda la vida y era muy  querido y respetado por todos.

El sexto sentía en su alma la vida monacal e ingresó en la bodega de elixir de cerumen que tan famoso era por aquellas tierras perdidas.

El séptimo no quería trabajar y se hizo representante de los trabajadores donde no hizo nada de nada pero cobraba, bien que cobraba.

Y la octava nos salió niña que le pusieron el casto y pudoroso nombre de Pitiminí pues siempre fue mimada con escupitajos por sus hermanos.

Fue al mejor de los colegios del único que había y aunque torpona y poco lista se sacó la licenciatura en vacas gordas.

Ya en la mocedad sus padres, que eran los amigos de los amigos, organizaron un baile de puesta de largo de su pequeñita que ya se había hecho mujer pues entraba sola en el cuarto de baño.

Fueron invitados todo los jovenes del lugar, que excusaron su asistencia con las peregrinas y elegantes disculpas rompiendo la invitación y limpiándose al rabadilla con ella.

Ella en verdad no tenía mucha culpa de caer tan mal. Era muy envidiosa, cotilla, melindrosa, criticona. Siempre se libraba de los castigos de los males que hacía pues la profesora cenaba todos los martes con sus padres en el restaurante al lado del estercolero municipal donde su marido capturaba las liendres. ¡Siempre hay otro al que castigar! Decía la Señorita Sandez mientras cogía de la oreja a los de siempre y que justamente fueron los que recibieron la invitación de los padres de la criatura.

Ni que decir tiene que la fiesta fue para viejos, los hermanos y sus correspondientes.

Pitiminí fue “colocada” de inmediato en la red internacional de vacas pardas donde llegó a ejercer de coordinadora general de valles y derivados. Tenía a su cargo más de 200.000 vacas de todo el mundo y 3 empleados que trataba como una negrera proletaria pues ella siempre se había declarado "reprogresista" como sus padres y abuelos que eran  los llamados inquisidores de Nuevos Caciques.

Viajaba mucho por el entorno y aunque estuviera a miles de kilómetros siempre cenaba en casa con los papás, hermanos y correspondientes. ¡¡Ella era así!!

En uno de esos viajes relámpagos conoció a un chico tímido, callado, humilde de los humildes, apocado entre los apocados, servil entre los serviles, que trabajaba en uno de los prados de la empresa de Pitiminí como distribuidor de moñigas. Enseguida se enamoraron, enseguida hicieron del tálamo un lugar asiduo, enseguida le dijo ella a él sin previo aviso: ¡¡Nos casamos!! ¡¡Mañana te presento a mis padres, hermanos y correspondientes!! ¡¡Voy a ser la envidia de los envidiosos de todo el lugar!!

Y así es como entró en la familia Apocado de Recato, que así se llamaba la criatura.

El padre lo abrazó hasta apretarle la yugular y la madre lo besó escuetamente en las corvas. Los cuñados y sus correspondientes ni se levantaron de la silla al conocer la procedencia y ejercicio laboral del futuro de la melindrosa Pitiminí.

Apocado nació en familia de alta alcurnia aunque se peleó con toda ella, no con su dinero, cuando se hizo jipi. Los padres lo desheredaron y solo le pasaban una modesta pensión de seis millones de las de antes.

Apocado vivió en comuna varios años en la que estaba prohibida el vestir. Desnudos para arriba, algunas veces, y para abajo, las demás, hacían comunidad siendo comunes y ordinarios.

Su sueño jipi se acabó cuando un día sentado en el prado una lombriz de una moñiga se le introdujo por el ojo vago y le causó descomposición del húmero. Fue ingresado en una casa de socorro y después de perturbados hasta que hace cinco años lo licenciaron como: ¡¡Sin solución!!

La boda paralizó todo el lugar que cerraron en señal de protesta y hasta el cura pidió  auxilio al país vecino. Ella ocupó toda la calle con vestido blanco satén y su larga cola de 26 metros que necesitó seis motoristas que paraban el tráfico en 18 kilómetros a la redonda.

El bueno de Apocado pasó a desempeñar el privilegio que le otorgó su recién estrenado suegro de "recogecola" de la Familia puesto que le viene como anillo al dedo por su débil carácter y sonrisa de perro pachón o perdiguero.

La fiesta se celebró en la finca donde viven los jipis en su desnudez y que pertenece a la sociedad de osas en celo y que D. Celso de Perrachica consiguió alquilar mediante generosos estipendios al teniente aguador.

En un generoso montículo que fue desnudado de jipis y osas en celo, a los que metieron en unas celdas cerradas en canto, pusieron las más de 3800 mesas y sillas para los invitados que superaban ampliamente la docena.

En la mesa principal se hallaba la reluciente novia, Pitiminí de Perrachica, sus padres, los hermanos y correspondientes, prohombres y mujeres del postín como el inefable Melitón que había traído al fotografo de sociedad y que le entregó una de sus afamadas tarjetas: Delegado Principal de la Trucha de Escandinava.

En las demás mesas se entrelazaban los familiares, amigos de los padres y hermanos con sus correspondientes, altos cargos de bajo sueldos, bajas dignidades de facturas altas, los señores de “Gastadores del ahorro de los demás” y hasta un representante egregio: Ngbon Makakele, rey de la tribu de al lado. También estuvo presente el presidente de la comunidad jipi, Jimmy Fuchinga Floja que ostentaba la dignidad de mamporrero de la abeja reina.

Y justo al lado de la orquesta “Los Sabañones”, se sentaba el "recogecolas" que comía lo que podía porque no era de dejar sobras.

Cuando todo terminó empezó el baile de honor donde Pitiminí y su grácil figurita danzó con el oso estepario que había conocido en uno de sus escapadas y era el que mejor le daba “los viajes”. Su nombre siempre lo recordaba con anhelo pese al ahínco: Dimitri Empujanov.

Mientras Apocado, que recién casado estaba, se comía un muslo de las gambas mientras pensaba en lo alto de la cascada: ¡¡Quién me ha visto y quién me ve!! He sido niño rico, desheredado jipi, acaparador de moñigas y ahora esposo y recogecola de Pitiminí de Perrachica  y de su acaudalada familia. ¡¡Podría ser peor!! Como tener que recoger la “susodicha” a Dimitri Empujanov.

Mientras hacían la foto de Familia de este ágape social donde la novia aparecía y el recogecola seguía con su tostá que paté de herrambre no se come todos los días.

Sí, Pitiminí de Perrachica se casó y todo salió en “EGOS DE SOCIEDAD”.

Jesús Rodríguez Arias


viernes, 5 de agosto de 2016

"EGOS DE SOCIEDAD": PENURRIA DE MOCOSECO.





La penumbra y el vacío dolor envuelve la vida de Penurria de Mocoseco. Ella ya a muy corta edad se quedó huérfana de mascota porque su tortuga Nicanora se marchó pausadamente aprovenchando un descuido cuando nuestra triste niña se encontraba con su madre en la costa avistando cualquiera que se ahogara aunque a esas horas nadie había en el mar.

Solía decir Penurria, con el alma en pena, se me fue la Nicanora y yo me ahogué en la tristeza. ¡Qué vida más triste, más negra, más dura! ¡Qué penurria, chiquillo, que penurria!

En su casa solariega que se encuentra en medio de un rascacielos no habita el sol pues siempre tienen las cortinas echadas, el olor a cerrado es tan penetrante que agobia, una indecible cantidad de palmatorias encendidas por “los muertos de todos”. Ella es la tristeza con nombre y apellidos: Penurría de Mocoseco.

Penurria nació hace ya unos lustros en casa de luto abolengo pues ese mismo día feneció el Emperador, que era el pez familiar. Fue envuelta en negros pañales y vestiditos oscuros como los ánimos de los habitantes de su pesaroso hogar.

Hija de Don Velatorio de Mocoseco y Esquela de la Corona Fúnebre. Sus compungidos padres son los famosos Marqueses de Llanto Triste. Penurria tan solo tuvo un hermano: Moribundo que al poco de nacer se convirtió en la alegría, perdón por el atrevimiento, de la casa.

Todavía se recuerda cuando el pequeño Moribundo se hacía el muerto y todos lloraban de risa.

Don Velatorio a la hora de la siesta siempre hacía las jaculatorias de Lágrimas de Pesares, su augusta suegra que en gloria esté, y que vivía en la casa familiar hasta que la abandonó a los 108 años de edad para emanciparse con un viejo lobo estepario.

Las Jaculatorias se hicieron célebres en el vecindario:

¡Qué vida más dura! ¡Qué penurria!
¡Estamos aquí para morir! ¡Qué penurria!
¡No somos nadie! ¡Qué penurria!
¿Qué he hecho para ser tan desgraciado? ¡Qué penurria!
¡Ya no tengo lágrimas de tanto llorar! ¡Qué penurria!
¡La vida es tristeza! ¡Qué penurria!
¿Vivir para qué, para seguir penando? ¡Qué penurria!
¡Ay, me duele el corazón de tanta tristeza! ¡Qué penurria!
¡Qué desgraciados somos! ¡Qué penurria
¡Que...!

Y de esta forma tan "festiva" pasaban todas las tarde de todos los días embriagados en su penar, su pesar, en su penurria.

En esa vida tan triste, tan vacía, tan limitada y sin color fue creciendo nuestra pequeña Penurria hasta hacerse mayor en menos que canta un cefalópodo.

Al poco de abandonar el hogar su abuela Lágrimas murió de un soponcio Don Velatorio mientras ojeaba la página de esquelas y se llevaba el disgusto de todos los días al ver que no aparecía en ellas.

El velatorio de Don Velatorio fue sonado y duré lo que duró un triste momento. Las coronas de lúgubres flores llegaba y salían de la casa solariega pues eran demasiado festivas para una ocasión tan triste. Cómo decía Doña Esquela, viuda de Velatorio, sin faltarle razón: ¡Cuánta alegría hay en un crisantemo!

Un recordatorio emocionó sobremanera a la Familia: Los socios y directiva de la Tertulia “Letras Muertas” no te pueden olvidar hasta que pagues las cuotas del último quinquenio”.

Las sesiones de dicha tertulia duraban horas sin fin pues cuando iban a hablar se callaban y hacían morir sus palabras sin llegar a pronunciarlas.

Sólo el presidente emérito de esta insigne institución el Sr. Fosa tenía el honor de pronunciar la última palabra que también quedaba ahogada y el solo gesto de lagrimear por el ojo oscuro hacía que se levantara la sesión.


Ahora sería Doña Esquela de la Corona  Fúnebre, Marquesa Viuda de Llanto Triste, tendría que educar y sacar para adelante a sus hijos Penurria y Moribundo que no salían de la pena, que así llamaban a su habitación, pesarosos días enteros.

Pero lo peor estaba por llegar pues Moribundo cambió de carácter al conocer a una dulce joven llamada Eusebia que era hija de la cocinera del restaurante del tanatorio al que iba todos los día a desayunar para después dar el pésame a la familia de los finados.

La Eusebia supo sacar los colores de tan oscuro corazón a base de croquetas de coles y picatostes a mogollón. Un día que llegó por casa su madre con sutil tristeza le exhortó: ¿Hijo, que son esas chapetas que te adornan tu compungida faz?

Moribundo se puso blanco muerto y le dijo: ¡Madre me he enamorado de la Eusebia, de sus croquetas y sus costillas quiero casarme con ella y comer ensaladilla! Después del oportuno soponcio de Doña Esquela vino el oportuno tercer grado: ¿Quién en la Eusebia? ¿Una muerta de hambre para mi huérfano? ¡¡Acaba ahora mismo con ese noviazgo o te tendrás que ir de esa casa llena de dolor por la muerte de tu padre hace ahora 46 años!!

Ni que decir tiene que Moribundo abandonó la casa y con ella a todas sus castas. Ahora se hace llamar Mori y es dueño de 26 restaurantes ninguno en tanatorios, afamado por gestionar las tristezas de otros y su presencia es fielmente seguida por los fotógrafos de sociedad.

El día de su boda con la Eusebia invitó a todas las fuerzas vivas del lugar pues si estuvieran muertas no tendrían fuerzas ni ná de ná. También giró invitación a su fúnebre familia con la sana intención de que no vinieran pues en la etiqueta se prohibía el luto.

Doña Esquela y Penurria no pensaban asistir pues el hecho de vestir con un traje gris oscuro le producía penumbroso pesar aunque la fama de las croquetas de coles y del guiso de culo de botella hizo cambiar de opinión a la viuda y su pequeña doncella.

Y allí entre jolgorio, brindis, vivan los novios, croquetas van y vienen, danzarines musicales y mucho colorido fueron hija y madre que amargadas en su luctuoso pesar comían patatas bravas mientras se decían a la par:

¡Qúe vida más triste! ¡Come que esta croqueta está “mortal”!

E ingiriendo una de las de coles tan famosas de la Eusabia salieron fotografiadas en la boda de Mori que pagó con gran donusura para tener tres páginas para EGOS DE SOCIEDAD.

Jesús Rodríguez Arias

La próxima será dedicada a Netario ahora llamado Igor Fidel de los Santos Laicos.